La Coctelera

Divagando

Categoría: Bibliotecas

23 Abril 2012

San Jorge y el libro

yur 23, abr , sin comentarios

EL LIBRO

Las rutas que nos descubre esta guía, de forma amena, didáctica y singular, son un maravilloso paseo por la historia de Aragón. Desde los legendarios castillos islámicos a las primeras fortificaciones románicas del norte. De las grandes fortalezas de la Reconquista a los escarpados castillos roqueros de las guerras con Castilla. De los suntuosos castillos y palacios de la nobleza a torreones perdidos en hermosos paisajes o a magníficas villas amuralladas. Un recorrido por un territorio cargado de historia y de un extenso patrimonio fortificado, de reyes y guerreros, de grandes batallas y misteriosas leyendas. Aragón es una de las regiones con mayor densidad y calidad de fortificaciones de toda Europa, Aragón es una tierra de castillos.
No dejen este libro olvidado en la biblioteca de su casa, llévenlo en el coche o en la mochila. Conozcan Aragón con las rutas que les propone. Con él sabrán dónde se ubican los castillos o cómo se accede a ellos. Podrán decidir cuáles prefieren visitar, ya que están clasificados según su importancia. Conocerán cómo son los pueblos donde se encuentran, dónde pueden dormir, comer o beber un buen vino. Descubrirán los secretos, las leyendas y todos los misterios e historia de estos gigantes de piedra que, encaramados en lo alto de los montes, sumergidos en lo profundo de los valles o desde el centro de las poblaciones, vigilan las tierras de Aragón.

EL AUTOR

Ingeniero técnico industrial por la Universidad de Zaragoza, licenciado en Historia y máster en Investigación Artística e Histórica por la UNED. Miembro de la Asociación Española de Amigos de los Castillos y vicepresidente de Amigos de los Castillos de Aragón. Ha sido colaborador en diversos medios de comunicación como Aragón Radio, y revistas como Historia de Iberia Vieja o Arqueología, historia y viajes sobre el mundo medieval. Es autor del blog www.exposicionesenzaragoza.blogspot.com
Firmemente comprometido a rescatar del olvido el extenso patrimonio aragonés y convertirlo en un recurso turístico, en Castillos de Aragón: 133 rutas nos invita a descubrir la arquitectura fortificada de esta tierra, una de las más importantes muestras de su legado histórico, artístico y cultural.

¿DÓNDE COMPRARLO?
MIRA EDITORES

Y para acabar...

http://youtu.be/U2wR7eRYuFQ

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23 Febrero 2012

Libros y guerra

yur 23, feb , sin comentarios

Leyendo la última entrada de Lluís Anglada en su Bdig (Biblioteques digitals i cooperació), me he encontrado con una buena combinación de lo que más me gusta: libros, guerra civil española, bibliotecas y una señora. Hablaba Ll. Anglada de la reciente tesis de Marta Torres Domingo , La Biblioteca de la Universidad de Madrid durante la Segunda República y la Guerra Civil.

Ya Anglada la reseña como inteligente, interesante y amena y por lo que intuyo a través de sus comentarios, para mí ya es de obligatoria lectura, pero es que, además, aúna en una investigación todos los temas que más me atraen y sobre los que me gustaría trabajar más profundamente. H/ojeando el índice veo que conseguiré desenlazar más de una relación de amistad apuntada en mis lecturas porque la doctora Torres pasa y se acomoda, entre otros lugares de interés, por la Residencia de Señoritas. Un lujo de tesis al que ya quiero llegar...

Enlazando y navegando, a partir de la ilustración sencilla e impactante (si se me permite la licencia poética) de la entrada de Ll. Anglada, he llegado hasta una entrada de un blog desconocido para mí, Actualidad literaria, titulada Libros contra balas en la Complutense en guerra, y, siendo de 2008, no me puedo reprimir y la reproduzco aquí...

Libros contra balas en la Complutense de la guerra

Escrito por Álvaro Martínez Majado el 15 de noviembre de 2008

Entre el 6 de noviembre y el 5 de diciembre, un grupo integrado por arqueólogos, historiadores, estudiantes y voluntarios están realizando una investigación arqueológica e histórica en la Universidad Complutense de Madrid. Su objetivo es documentar «los restos arqueológicos de la Guerra Civil Española que se conservan en la Ciudad Universitaria de Madrid», para lo cual entre otras cosas se valen de excavaciones.

Entre las identificaciones que se han hecho hasta el momento está la del libro que aparece en estas fotografías, un volumen del Journal of General Physiology con un impacto de bala que le atraviesa el lomo, «símbolo aberrante de la cultura usada a modo de parapeto frente a la violencia». Por desgracia, no es el único ejemplar que se ha encontrado en condiciones similares.


El equipo técnico que lleva a cabo esta iniciativa está dirigido por Alfredo González Ruibal y cuenta con la financiación del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad Complutense y la colaboración de Unión Cultural Arqueológica. Se puede seguir el trabajo que están haciendo a través de un blog que han puesto en marcha a tal efecto, accesible en: http://guerraenlauniversidad.blogspot.com

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17 Febrero 2012

{this moment Farala]

yur 17, feb , sin comentarios

{estemomento} - un ritual de Viernes. Una sola foto - sin palabras - lacaptura de un momento de la semana. Un simple momento especial,extraordinario. Un momento para hacer una pausa, disfrutar y recordar.(Inspirado por Soulemama)

{thismoment} - A Friday ritual. A single photo - no words - capturing amoment from the week. A simple, special, extraordinary moment. A momentI want to pause, savor and remember. (Inspired by Soulemama)

{this moment Farala}

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11 Marzo 2010

Un Universo abierto del que aprendo Un río de palabras...

yur 11, mar , 2 comentarios

Un río de palabras

Agustín Fernández Paz

Al principio ni siquiera estaba seguro de que se tratase de una buena idea. Se me ocurrió mientras contemplaba uno de esos papeles con anuncios de todo tipo que la gente pega en los lugares más frecuentados. Cualquier persona que viva en una ciudad está harta de verlos, aunque para leer su contenido haya que acercarse bastante a ellos, porque casi siempre están escritos en letra muy pequeña: «Se ofrece señora por horas para cuidar niños». «Sacamos a pasear a tu perro». «Cerrajeros, 24 horas». «Licenciada da clases particulares de Matemáticas»...Es fácil distinguirlos, pues, por la parte inferior, el papel siempre está cortado formando tiras donde aparece el teléfono al que hay que llamar. Yo creía que nadie les hada caso, pero cambié de opinión al observar que, de muchos de ellos, desaparecían casi todos los tiques con los teléfonos a las pocas horas.

Así que entra dentro de la lógica que se me ocurriera algo parecido cuando volví a encontrarme con uno de esos libros que me alborotan el corazón y me devuelven la alegría de vivir. Al acabarlo, me asaltó otra vez el deseo que siempre siento en esos casos: telefonear a los amigos, salir a gritar en medio de la calle, proclamarlo a todo el mundo. Decide a la gente que no puede seguir viviendo sin leer un libro así, hay demasiada belleza en él para ignorado.

La idea se me ocurrió casi espontáneamente. Aún no era del todo consciente de lo que quería hacer, cuando ya estaba delante del ordenador, copiando las primeras líneas de aquella narración que me había tenido absorto en los días anteriores. Lo hice con una letra de cuerpo veinte y un interlineado generoso, de ningún modo quería que el texto pasase desapercibido entre los otros papeles:

"Vine a Comala por que me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo"

Juan Rulfo "Pedro Páramo" 1955

Imprimí veinte hojas, en papel de color azul. Después tuve que recortar a mano las tiras de la parte inferior; fue un trabajo laborioso, pero valió la pena. En ellas, en vez del número de teléfono, escribí el título del libro y el nombre de su autor. Si a alguien le interesaba la historia que se escondía detrás de aquellas pocas líneas, allí tenía el hilo que le permitiría entrar en ella y descubrir sus maravillas.

Pegué las hojas por todo el barrio. Como sentía un poco de vergüenza, me levanté temprano y las coloqué de madrugada, antes de acudir al trabajo. Al volver de la oficina, lo primero que hice fue recorrer los lugares donde había dejado los papeles. El corazón se me fue llenando de optimismo a medida que veía cortadas la mayor parte de las tiras. Era más de lo que yo esperaba, la señal inequívoca de que mis mensajes estaban ya en manos de otras personas desconocidas. Animado por el éxito, decidí probar de nuevo. Esta vez elegí las líneas iniciales de uno de esos libros que releo cada cierto tiempo, para revivir de nuevo la emoción tan intensa que sentí la primera vez:

"Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la Luna. Yo era muy joven entonces, pero no creía que hubiera futuro. Quería vivir peligrosamente, ir lo más lejos posible y luego ver qué me sucedía cuando llegara allí. Tal y como salieron las cosas casi no lo consigo. Poco a poco, ví como mi dinero iba menguando hasta quedar reducido a cero; perdí el apartamento; acabé viviendo en las calles. De no haber sido por una chica que se llamaba Kitty Wu, probablemente me habría muerto de hambre"

Paul Auster. "El Palacio de la Luna"

Pronto comprobé que los tiques de mis hojas desaparecían al poco tiempo de distribuidas. ¡El sistema funcionaba! Seguí colocando nuevos textos cada tres o cuatro días, pues quería dejar el tiempo suficiente para que se pudiera asimilar el efecto que produciría cada uno. Cuando llegué a la décima hoja, decidí hacer algo especial. Elegí un papel de mayor calidad, y tras muchas dudas. seleccioné el comienzo de un libro que me había dejado marcado desde el año, ya distante, en que lo había leído por primera vez:

"Cuando Gregor Samsase despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos"
"La metamorfosis" (Franz Kafka, 1915)

A la mañana siguiente, cuando salí a colocar mis carteles, descubrí con asombro que alguien había pegado otros semejantes. Sentí una emoción irrefrenable, mayor aún cuando comprobé que aquella anónima persona se había atrevido con la poesía, dándole así una buena lección a todos los que, equivocadamente, afirman que es un género minoritario:

Lo dejaría todo.
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Pedro Salinas: "Si me llamaras".

No solo arranqué una tira, sino que, después de pegar también mis hojas, me mantuve vigilante todo el día, para ver cómo era recibida la nueva propuesta. La recepción que tuvo fue extraordinaria, pues los tiques volaron con mayor rapidez que otras veces. !Me sentía exultante! Ahora sabía que cerca de mí había una persona dispuesta a compartir la emoción que ella también sentía al leer alguno de esos libros que nos iluminan la vida.

Claro que la mayor sorpresa la recibí el lunes siguiente. Cuando me levanté para colocar las hojas de un nuevo texto, me encontré con que las calles aparecían completamente cubiertas de papeles de colores: en las esquinas de las paredes, en las farolas, en las puertas de los comercios, en los semáforos, en la parada del autobús... Todo el barrio estaba inundado de textos magníficos y de tiques que colgaban tentadores bajo ellos, como los frutos maduros de árboles exóticos. No sé si este milagro durará siempre o será solo una pasión de otoño que desaparecerá con la llegada de la lluvia. Pero algo me dice que no es flor de un día, pues hay cosas que, como la bola de nieve que rueda montaña abajo, solo precisan del impulso inicial para que comiencen a crecer. ¿Quién sabe? Quizá esta epidemia se extienda a la ciudad entera, quizá acaben siendo miles las personas que se animen a inundar las calles con ríos de palabras. Y entre ellas, me lo dice el corazón, estará también la mujer que aguardo, ese desconocido amor con quien espero poder compartir todos y cada uno de los días de mi vida.

Lo he leído en Universo Abierto

Gracias Julio por todo lo que trabajas, compartes y enseñas.

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4 Septiembre 2009

Cuaderno de verano 3 : música y poesía

yur 4, sep , sin comentarios

Estos días leía sobre los bibliotecarios como gestores culturales. No me cabe duda de que, en bastantes casos y hablo  especialemente de bibliotecas públicas, son los auténticos dinamizadores culturales de su zona. Ayer noche pude volver a comprobarlo en un acto lúdico festivo que aunaba biblioteca, poesía, música y verano. Biblioteca porque formaba parte de las actividades de la Biblioteca Pública de Vila-Seca; poesía porque el motivo en torno al que giraba la acción era la poesía de Federico García Lorca; música porque un trío de voces femeninas cantaba los versos del granaíno ; y, verano porque fue anoche, 3 de septiembre. La impresión, positiva: sobre el cesped del jardín bibliotecario refrescaba el verde que te quiero verde con notas de jazz y risas de quienes disfrutaban haciendo lo que les gustaba...

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23 Abril 2009

San Jorge : libros, rosa y Aragón

yur 23, abr , 2 comentarios

"En todo caso, debe usted estudiar de firme. Lea y relea a Platón, no como ornamento de cultura, sino con el convencimiento de que cada día encontrará en él lo más nuevo, lo más vivo, lo más todavía ignorado. He comentado a Pdro la lectura de Heidegger, en sus libros pequeños. Empezar por Ser y tiempo puede hacerle a uno odiarle para toda la vida. Se lo recomiendo principalmente porque le lleva a uno, como nadie, a mirar el pensamiento de Occidente desde sus comienzos, sin solución de continuidad. Y ésa es una de las cosas que yo siento como esenciales: no romper el hilo, seguir siempre hablando de lo mismo -en su infinito cambio- siempre respondiendo acordes, nunca saliendo por peteneras acordes, nunca saliendo por peteneras para complacer a la galería. Ése es el sistema que lleva no ser original, sino a ser originario".

Rosa Chacel / Ana María Moix : De mar a mar. Epistolario. Barcelona : Penísula, 2003. Colección de bolsillo, p. 68

... y Aragón, tierra bravía...

Poema en aragonés Cheso,que en el año 1981 escribió y compuso José Lera Alsina, director del grupo la Val d´Echo, y que se ha convertido en una de las jotas emblemáticas del Alto Aragón.

Agrupación folklórica santa Cecilia de Huesca, vídeo de 1995.

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29 Enero 2009

Olvidoteca

yur 29, ene , 4 comentarios

Una "olvidoteca" alberga en Madrid los libros que los viajeros despistados se dejan en el hotel

La particular biblioteca del hotel Conde Duque alberga sobre todo novelas de bolsillo, escritas en inglés, aunque también pueden encontrarse guías de viajes y arte en castellano, japonés, griego, chino u holandés, entre otras lenguas

  • EFE, Madrid | 11/12/2008

Las prisas por llegar a tiempo al aeropuerto o a la estación hacen que muchos viajeros olviden sus libros en la habitación de un hotel, circunstancia que ha aprovechado el Conde Duque de Madrid para crear una "olvidoteca" con unos 250 volúmenes escritos en más de diez idiomas.

La particular biblioteca del hotel Conde Duque alberga sobre todo novelas de bolsillo, escritas en inglés, aunque también pueden encontrarse guías de viajes y arte en castellano, japonés, griego, chino u holandés, entre otras lenguas.

Tal variedad de idiomas se debe a que los clientes del hotel suelen ser extranjeros y acostumbrados a viajar debido a su trabajo, por lo que los libros nunca faltan en sus maletas.

Las recetas de cocina tradicional romana conviven en las páginas de los libros que forman la "olvidoteca" con los bailes de Michael Jackson, las memorias de José Ortega Cano o remedios naturales, aunque hay hueco para títulos comerciales como Ángeles y Demonios de Dan Brown.

Despistes intencionados

Asimismo hay quien prefiere tener junto a la cabecera textos religiosos, como El libro del mormón, uno de los ejemplares que más llama la atención de los usuarios de la biblioteca, ya que además está escrito en castellano y guarda una dedicatoria en su interior.

La iniciativa surgió hace un año, cuando la directora comercial del establecimiento, Paloma Cabranes, almacenó en una pequeña vitrina unos 40 libros que los viajeros se dejaban en alguna de las 143 habitaciones del hotel.

"Yo soy muy aficionada a la literatura en inglés y le pedía a la gobernanta que me dejase los libros olvidados por los clientes, pero como cada vez había más ejemplares, decidí colocarlos en una vitrina para que mis compañeros y otros clientes pudiesen cogerlos", recuerda Cabranes.

Pero hay clientes que se despistan intencionadamente para aumentar los fondos de la biblioteca, como una trabajadora de un hotel en Galicia, que al enterarse de la iniciativa, donó un libro de poesía.

Otros, sin embargo, se olvidan de devolver los libros, sobre todo las guías de viaje, y el hotel no cuenta con un sistema de préstamo que controle a los usuarios de la biblioteca.

A pesar de estas pérdidas, Cabranes no teme que la "olvidoteca" se quede sin fondos porque cada día, la mala memoria de los viajeros llena los huecos vacíos de las estanterías.

Publicado en ADN http://www.adn.es/cultura/20081211/NWS-3589-biblioteca.html

¡Qué daría por localizar una olvidoteca que recogiese algunos de mis olvidos! Por ejemplo, llaves y más que llaves, llaveros. Una mochila diminuta verde y marrón que me regaló Regina y que hacía las veces de monedero y que iba llena de llaves se quedó encima del asiento de mi moto y nunca más supe de ella... Un llavero de cartera negro que copié de Sara fue olvidado encima del mostrador o del probador de una gran tienda en Barcelona con las llaves de casa y del coche, coche que estaba en un párquing subterráneo de la plaza Catalunya ...

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18 Diciembre 2008

Fin de etapa

yur 18, dic , 2 comentarios

Ayer fue la última clase. El edificio fue un colegio religioso antes y, desde el año 1971, sede universitaria. ¡La historia que ha vivido y las historias que ha albergado! ¡Las obras y remodelaciones que ha sufrido! Ha visto a los grises correr delante de su puerta y a estudiantes, convertirse en docentes, casarse, tener hijos y separarse. Donde yo iba a clase de Literatura del siglo XVIII, de 8 a 9 de la noche, se convirtió, con los años, en la hemeroteca de la biblioteca; el aula en la que asistí a las clases de Introducción a la Lingüística, primero fueron el local de las fotocopias y, después, un almacén; los conserjes (Rafaé, entre ellos, siempre con bata azul mahón, siempre anunciando “lo fá” que llegaban) estaban en un cuarto en la primera planta que ahora es una parte de un aula; y el despacho en el que yo firmé el contrato de auxiliar, pasó a ser despacho de la Cap de la Biblioteca y, ahora, aula de informática)… El bar, eso sí, lo conocí en el mismo sitio, pero no se libró de las reestructuraciones de espacio, siempre para mejorar.

Ha pasado de ser Delegación Universitaria, Facultad, Facultat, sede de Comisión Gestora y centro de la universidad y, de la misma manera, ha ido perdiendo puntos en la competición: tal cual llegó el cénit, llegó el ocaso. Empezó a perder los cargos, la importancia vital, el cargo de sede, estudiantes y … ahora, lo dejan por obsoleto, por viejo, por codiciado y porque la vida tiene eso, sus momentos.

Mi madre siempre decía que me tendrían que haber hecho un cuarto para poder dormir allí. Ahora miro hacia atrás y me sonrío para mis adentros y recuerdo mil anécdotas y me río de mis inseguridades y de mi carrera académica y vital. Llegar siempre tarde a clase y entrar siempre por la puerta de atrás; saber si teníamos clase de Poesía del Siglo XX por el rastro aromático del profesor titular en los pasillos; entrar en algunos seminarios entre brumas de humo; ver al Antonio del bar observando, siempre apoyado sobre la máquina de café, las mil botellas de medianas sobre las mesas y las mil relaciones escondidas; cruzarte con un personaje con salacot que llegará a ser Premio Príncipe de Asturias; y dar mil vueltas sobre qué sería la tierra parcelada y removida del parquing (¡catas para las prácticas de excavaciones!)…
También recuerdo la primera vez que pisé la biblioteca (cerrada desde el viernes hasta el lunes y ni en sueños más de dos libros en préstamo), las multas que pagué, las multas que nos dieron de merendar (¡cuántos Kit-kats, Susana!), la tontería de cruzar los carros de libros y apagar las luces, las horas perdidas en el cutre Alhambra y punto final.

Ayer se hizo la última clase y no pude ir. Si al menos hubiese llegado tarde, pero no, tuve una reunión (¡qué pretensiones!). La historia tuvo su cita con su último “como decíamos ayer”, con un ex conseller en Cap haciendo los honores de exalumno, un profesor respetado como magíster y cuatro antisistemas boicoteando la última clase del edificio de letras

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