Llego a trabajar con aquella alegría y me encuentro el despacho a rebosar. La impresión es de pleno rendimiento nada más entrar, pero antes de dejar mis cosas sobre la mesa una mirada ya me sitúa: mi jefa me dedica un mensaje visual y gestual a un tiempo: tenemos al Innombrable. La mañana dará de sí porque son las 8.30 y empieza, eso sí, con buen tono porque hay una visita, con sus críticas huracanadas la casa y a la forma de planificar y trabajar.

Producir, producir, producir, parece ser la consigna de este personaje. Todo lo demás importa poco.

Hacer muchos números. No perder el tiempo levantando los ojos del ordenador. No salir a tomar un café (no sea que le graben los de Cámara Café y hagan de su persona "el personaje"). No gastar en agua ("collons, si aquí és gratis!"). No llevar calcetines para no tener que lavar nada más que lo justo y abrir la ventana de par en par "porque huele a dona -mujer-". Estar pendiente de si alguien carraspea para deducir que están intentando decirle algo veladamente. Detectar en cualquier conversación las palabras "compenetración" y "confianza" porque son la clave para proponer relaciones sexuales. Mantener la audiencia de Catalunya Radio sin perder un sólo instante en escuchar cualquier otra emisora no nacional. En su defecto, hacer una buena selección de los grandes éxitos de los cantautores catalanes de los 70: hasta que se estropee la calidad de las reproducciones...