Primera parte
Ahora mismo, como un conflicto más de los que hay a mi alrededor, el sol se las tiene con las nubes para poder iluminar un día tristón que sigue a otro plomizo y lluvioso y creo que eso es una buena noticia para los malos momentos de algunos de mis amigos.
Y creo que no es algo banal : el sol igual que templa los ánimos, los empuja y actúa de catalizador de sentimientos. Conste que yo estoy encantada con mi vida. Hace unos minutos lo comentábamos con la Mía: ¡qué suerte tenemos! Y no podemos dejar que se normalice y se convierta en cotidiano y quede a un paso de la monotonía. Que se normalice sí (todo lo que no sea fuerza sobre las personas y sobre los sentimientos debe normalizarse), que forme parte de nuestra cotidianeidad también, pero que jamás sea una cuestión monótona. En fin. Pensamientos en letra arial.
Segunda parte
El caso es que esta noche (para ser coherentes en todo, nada más dormirme) he estado soñando con cosas y gentes desagradables y no entiendo a qué fin han aparecido por allí. Gracias a otro mal sueño de la Mía (me ha despertado a las 2 de la mañana con un “no hagas tonterías, por favor, que estás conduciendo y me estoy poniendo muy nerviosa” y la he tenido que despertar, se ha roto el sueño desagradable de las dos y hemos podido descansar como nos merecemos, es decir, como reinas (lo del madrugar para ir a trabajar lo comentamos otro día)
En mi sueño, la gente desagradable era exclusivamente el Innombrable. El despacho de la sección en la que trabajo se había convertido en una preciosa, confortable, nueva y espaciosa cocina de diseño de un amplio loft o lo que es lo mismo: habían desaparecido los paneles que dan forma a nuestro despacho artificial en un lateral de un vestíbulo de una gran biblioteca. Y allí estábamos con el Innombrable dando por donde amargan los pepinos una vez más, pero en esta ocasión mucho más exaltado, agresivo y nervioso. He conseguido sacarlo fuera, mientras el resto de personal cerraba la biblioteca, pero yo veía que él se había quedado a la espera de nuestra salida, en la puerta. He tenido miedo y he avisado al resto de las colegas, que, por supuesto, estaban igual de asustadas que yo. Porque estaba asustada. Y ahora empiezo a entrever la posible razón de este mi sueño: hace días que pienso que el Innombrable no se mete conmigo para nada, que está tranquilo, aunque no con las demás. No me gusta nada y menos oir en las noticias el giro de cabeza de un guardia de seguridad en Madrid: no se entendía con sus compañeros y cogió la escopeta de caza y se los cargó. Como la médico de la Fundación Jiménez Díaz. ¿Será que aflora el miedo en forma de sueño?
Después de parar el coche junto a la carretera para tranquilizar a la Mía, he soñado que iba a no sé dónde con el hermano de mi cuñado. Bajábamos unas escaleras como quién está descubriendo el acceso a unos restos arqueológicos que en su día fueron visitables y ahora están abandonados (ciertamente, parecían los accesos del MNAT) y hemos ido a para a una sala con mucho de añejo pero poco de arqueológico en la que había ¡una piscina de madera! Más que eso: era una piscina de madera incrustada en el suelo con una especie de tapadera gigante, de madera, que se corría y dejaba al aire la piscina. Eso sí, toda la madera necesitava una mano urgente de pintura antihumedad, color y reparadora para mejorar el estado de la misma. Alrededor de la piscina había un poco de todo y todo muy abandonado: desde una mesa en la que, aparentemente, se celebraban comidas hasta una serie de herramientas variadas para la climatización y el cuidado de la piscina...
Estabamos en el presente y hablábamos de las instalaciones como si fuesen parte de la infraestructura de servicios de un incipiente barrio de obreros de los primeros años sesenta, años en los que ni había infraestructura de servicios, ni yo había nacido, ni la gente que, en un momento dado, he visto disfrutar del baño... Incluso al encenderse la iluminación del fondo de la piscina he podido ver los trajes de baño de los sesenta...
Cosas de sueños: mezclas años, imágenes, sentimientos y tiempo.
Tercera parte (de ayer mismo)
Hay gente que no escucha y que pretende que su idea sea la mejor, la más original, la más práctica, la que deberías seguir. “Estás equivocada”, parece que te dicen para contiunuar con un “hay gente para todo y yo lo respeto pero no lo entiendo y, por lo tanto, hay gente que no sabe tirar las cosas. A mí me resulta más sencillo por todo el dvd, pero el vídeo no. Para nada: nunca he comprado, ni pienso.”
Así de categórica es mi colega de enfrente. Gracias a Dios, anoche no estaba en el loft...
(Conste que hoy no hay enlaces porque la Mía y Mo han opinado que "pa qué")





1 comentario
ese sueño no me lo habias contado.... pero en el mio conducias locamente, y encima llovia....
menos mal que imperó la cordura
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