Ayer estuve paseando por la gran ciudad que es Barcelona y creo que se puede afirmar, bajo mi punto de vista, que no es necesario desplazarse hasta otras grandes ciudades europeas para ver la diversidad, el colorido y la multiculturidad de una sociedad totalmente heterogénea. No entraré en valoraciones de otro tipo ni mucho menos (aquello de los aspectos positivos y negativos de tal circunstancia) porque es evidente que no sólo de colores diversos vive el hombre, pero al mito de ciudades como Paris, Londres o San Francisco, se puede añadir el de Barcelona sin ninguna duda.
En cualquier caso, me niego a renunciar a mi origen casi aldeano y mi educación provinciana. Me aporta una capacidad de asombro muy digna y un saber disfrutar del tiempo que pasa (y de la fauna) sentada en un banco frente a la Casa Batlló o paseando lentamente por los pasillos del mercado de la Boquería (aunque debo reconocer que me sorprendió no encontrar un despacho de pasta fresca. O quizá no lo supimos encontrar) que no lo cambio por nada del mundo.
Adentrándome en temas más cotidianos y plebeyos, estuve mirando escaparates de zapatos. Las zapaterías de Barcelona son un reflejo de esa sociedad tan diversa y tan consumista, lo cual, siempre debido a mi origen aldeano del que no reniego, no deja de hacerme sonreir. Porque vi calzado muy variopinto, diferente, adecuado para las diferentes ocasiones o conmemoraciones, extremado, refinado, carísimo, original, collage, incómodo, peregrino, sorprendente y polivante. Ante todo, polivalente.
Me planteé que unas chanclas que de cara al verano son frescas me podían servir, además de calzado, de proyectil contra el Innombrable en un momento de tensión o de necesidad:

De la misma manera y como tengo en breve una ceremonia religiosa ("la Primera Comuníón" de Mentxu), pude haber elegido entre muchos modelos pero me admiró este:

Paseando y observando, también llegué a la conclusión que el modelo Wabi de la casa Camper podía servirme para moverme por la aldea y los praos asturianos que este verano recorreré, por sus prestaciones antihumedad además de ir con la más novedosa moda en mis pies:

Eso sí, cómodos como ninguno. Pero me recuerdan a los escarpinos. No sé si beberían de esas fuentes los diseñadores.
Claro que reconocido por mi parte un tanto por ciento de ranciedad importante que no guarda relación con mis orígenes, quede claro, no me convencí y, finalmente, dejé la ocasión de la adquisición de calcero para más adelante...



5 comentarios
Me rio.... en esta ocasión sí que hemos visto/vivido y sobre todo recordado lo mismo. Hay veces que la mera visión de unos zapatos/sandalias/chanclos nos hace tener idéntica sensación. Cómo no voy a reirme...
Vaya, una chica decidida....
Escribe un comentario