EDITORIAL PRENSA ASTURIANA Director: Isidoro Nicieza

OPINIÓN

Hacer del 17 de mayo el día mundial contra la homofobia y la transfobia

RAFAEL PALACIOS GARCÍA / VALENTÍN BRUGOS SALAS
El 17 de Mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió eliminar la homosexualidad del listado de enfermedades mentales. Cuesta trabajo creer que se haya tardado tanto tiempo en tomar esta decisión. ¿Quién decidió y con qué criterios que gais y lesbianas fueran considerados enfermos? Fue una decisión que ni se correspondía con la percepción que la sociedad tenía de este asunto ni se correspondía con ningún razonamiento científico.

Considerar que la homosexualidad era una enfermedad (que, en última instancia, podría ser curada) era un planteamiento que emanaba de concepciones religiosas previas que la valoraban como un pecado, tan grave, que debía de ser sancionado con la pena más severa: la muerte en la hoguera de los homosexuales o «sodomitas». La idea de eliminar a gais y lesbianas se mantuvo en Occidente hasta época reciente, y el nazismo, de la mano de Hitler, llevó a los miles de homosexuales a los campos de exterminio. En otros regímenes, no menos dictatoriales, no se pretendió una eliminación física tan drásticas pero sí se planteó su «reeducación», como hizo el franquismo mediante la ley de peligrosidad social, que llevó también a muchos gais a la cárcel. Ésta es la dura realidad en la que se ha movido el colectivo GLBT (gais, lesbianas, bisexuales y transexuales) a lo largo de la historia en Occidente.

Felizmente, estas prácticas represivas han sido superadas en casi todos los países ya, aunque calaron tan hondo en las conciencias de la población que una parte nada despreciable de nuestras sociedades sigue manteniendo una actitud marcada por los prejuicios y el rechazo, incluida la agresión violenta, hacia gais, lesbianas y transexuales. Es una actitud que denominamos homofobia: aversión injustificada y visceral hacia lesbianas y gais, y en el caso específico de las personas transexuales, tal actitud se define como transfobia. Son éstos, comportamientos que cada día tienen menos eco en las sociedades democráticas que actúan dentro del respeto a la diversidad que hay en su seno. El cambio de mentalidad que vivimos en estos momentos ha sido posible, en gran medida, porque desde 1969 se viene desarrollando un fuerte movimiento de normalización social, impulsado por los colectivos de gais, lesbianas y transexuales, que ha sido capaz de revertir algunos de los aspectos más hirientes que atacaban la dignidad de esas personas.

Sin embargo, aún estamos lejos de poder hablar de un respeto generalizado y mayoritario hacía la diferencia por orientación sexual o por identidad de género. Persisten importantes sectores en nuestra sociedad que rechazan, de forma sistemática y en nombre, básicamente, de fundamentalismos religiosos, cualquier avance que facilite el fin de las discriminaciones sufridas por transexuales, gais y lesbianas. En todo caso, lo importante es saber que la sociedad avanza en una buena dirección y que cada vez son más los sectores que se implican en la erradicación de la homo-transfobia. Porque luchar contra esta lacra social es trabajar en pro de los derechos humanos, y una sociedad sólo puede tenerse por justa y democrática si crea y mantiene instrumentos que defienden los derechos de sus minorías. En tal sentido, los recientes cambios legislativos en nuestro país, que han hecho posible el matrimonio entre personas del mismo sexo en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales, es un acontecimiento histórico. Cuando se apruebe la ley de identidad sexual, que se espera sea en breve, también el colectivo transexual habrá dado otro paso de gigante en el reconocimiento de sus derechos.

Pero queda mucho camino por recorrer todavía: la educación en la diversidad, el cuidado de personas mayores GLBT, poner fin a la exclusión social para las personas transexuales, etcétera, son aspectos en los que no se ha alcanzado una normalización plena y representan la existencia de unos campos en los que la homofobia y la transfobia aún son importantes.

Además, en nuestro mundo no todos los gais y las lesbianas pueden amar en libertad. Hay que recordar que en numerosos países la homosexualidad es ilegal y que en al menos nueve países del mundo las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo se castigan con la muerte. Y la situación de legalidad de muchos otros no se corresponde con una situación fácil en la vida diaria y cotidiana, ya que gais, transexuales y lesbianas han de hacer frente a una realidad marcada por el acoso, la degradación, las agresiones e incluso los asesinatos por odio homófobo o transfóbico.

Este mundo sigue siendo difícil para gais, lesbianas y transexuales. Es necesario cambiar muchas cosas para que el colectivo GLBT pueda amar -y vivir- en libertad. Por esta razón, desde diferentes instancias y entidades internacionales se ha puesto en marcha una iniciativa cuyo objetivo es acabar con la criminalización de la homosexualidad y la transexualidad y conseguir que en ningún país y en ninguna legislación mundial se tipifiquen como delitos. Se trata de declarar el 17 de mayo «Día mundial contra la homofobia y la transfobia», una jornada especial de reflexión y de denuncia hacia las discriminaciones y agresiones que sufren gais, lesbianas y transexuales.
Xente Gai Astur -XEGA- y el Gobierno asturiano, a través de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, quieren sumarse también a esta iniciativa y hacen un llamamiento a todo el conjunto social asturiano para que se comprometa en la lucha por el respeto hacia gais, lesbianas, bisexuales y transexuales. El objetivo último, en el que debemos poner todo nuestro empeño, es conseguir que tanto Asturias como el resto del mundo sean espacios libres de homo-transfobia, en los que cada persona pueda amar, vivir y realizarse en libertad.
Esperamos que la celebración de este «Día contra la homofobia y la transfobia» permita avanzar en este sentido. Es necesario, además, que este día mundial sea reconocido por organismos internacionales como las Naciones Unidas (ONU), para que lo incluyan en sus calendarios y para que también incorporen la lucha contra la homofobia y la transfobia entre sus prioridades de actuación. Hay que conseguir, en primer término, que en ninguna legislación de ningún país se mantenga la condena legal hacia la homosexualidad o la transexualidad, única forma de avanzar en el pleno reconocimiento de los derechos y la dignidad de gais, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Rafael Palacios García es director de la Axencia Asturiana de Cooperación al Desarrollu y Valentín Brugos Salas escoordinador de Xente Gai Astur -XEGA-.

La Nueva España, 17 de mayo de 2006