Analfabetos sociales
Tiene usted toda la razón, señor Castells. Observo con demasiada frecuencia cómo ciertos zascandiles, actuando con estulticia, se saltan a la torera el axioma de las normas sociales de respeto al prójimo -se creen que el sol sale cada día sólo par ellos- tanto en actos públicos y en su comportamiento social como en la convivencia comunitaria.
A estos gaznápiros que se toman las reglas a chacota -sin saber practicar la empatía- tampoco se les puede recriminar o aconsejar sobre su actitud, porque intentarán impresionar con sus alharacas. El ignoto disfrazado no es, está. Pero no sabe estar. Todo esto es fruto de una sociedad hedonista e iconoclasta que nuestros gerifaltes han ido tejiendo como una telaraña y a la que llaman Estado del bienestar.
P. DOMÍNGUEZ MURILLO
El Masnou
Publicado en la sección Cartas de los lectores de La Vanguardia, el 28 de enero de 2008, fecha en al que, por cierto, antaño se celebraba la fiesta del Santo Patrón de losprofesores de secundaria. Con el Estado del bienestar parece que dejó de conmemorarse.
Estos días atrás, la concurrencia de personal se ha visto acrecentada de qué
manera por la costumbre que tienen los jóvenes estudiantes de venir a la
biblioteca a estudiar. Entre tanta asistencia, tuve la oportunidad de observar comportamientos humanos curiosos. Uno de los que me llamó la atención fue el de un grupo de zascandiles quienes, durante unos días y a una hora determinada, recogían sus bartulillos y ponían sobre la mesa las cartas no de amor o desamor sino las oportunas para ejercitar el juego del tute. No gorgutaban palabra o, al menos, a mí no me llegaban ni tan siquiera murmullos. Eso sí, cuando en un par de ocasiones pasé cerca de ellos por entre las estanterías rumbo a mi aldea, pude percibir la tensión no proclamada de sus miradas a la espera de una recriminación alterada que pudiera llegar: preparaban, inconscientemente, sus futuras pero abortadas alharacas.
Yo me planteo: ¿se han perdido las formas, es pura provocación o, simplemente, desidia total? Yo nunca lo hice porque dedicaba mi tiempo a otras cosas pero en mi época de estudiante el lugar para jugar al tute era en el bar de enfrente del instituto o en el de la Facultad. Además, la biblioteca se abría de 8.30 a 20.30 y de lunes a viernes; no había salas de trabajo para preparar exposiciones ni te prestaban una computadora para tomar las notas de los libros que se consultaban (si sólo vienen a estudiar, ¿para qué necesitan un portátil si no consultan ni una monografía?). ¿Será una de las consecuencias de la sociedad hedonista?
Claro que ¡como para seguir el ejemplo de nuestros mayores! Una de nuestras gerifaltes, saltándose la norma social y tomándose las reglas a chacota, tiene por costumbre ocultar su facción saliente ubicada entre la frente y la boca, con dos orificios, bajo un pañuelo o una pasmina, ejercitando todo tipo de muecas y movimientos que mucho quieren decir, porque a su lado toma asiento una persona con problemas de halitosis. Eso sí, ella se tiene a sí misma como una mujer de exquisita educación. Ver para creer. Como Santo Tomás.



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