Hay períodos de tiempo en los que parece no pasar nada, solo el tiempo. Tiempo que fluye, que corre, que vuela, que desgrana día tras día las semanas que traen el verano y el otoño y el invierno…

Otras veces ocurre que en tres días se acumulan mil sensaciones, mil momentos que quieres guardar en mil cajas que no caben en mi casa.

La vida, es lo que tiene: no pasa sin más y te acompaña de poca paciencia para oír tres y cuatro veces que tu hermana hasta compró unos cuadros para el restaurante; para acongojarte ante la tranquilidad con la que afrenta su final un paisano con un veneno que carcome su cuerpo (¿será consciente?) y para emocionarte hasta censurar las lágrimas que afloran al ver la historia de tu tierra desconocida y los lugares que tus desconocidos bisabuelos recorrieron y que mujeres como la señora Antonieta han vivido (estuvo allí, convivió con ellos y la ves y escuchas sus historias y de ellos ¿qué sé?) y te cuenta. También para permitirte el reír sin parar ante una buena copa de vino y una buena compañía, del empeño (y necesidad) de yogur natural que la Jiménez quiere de postre en una brasería y para quejarte otra vez por haber perdido en el disco duro averiado tantas y tantas instantáneas de momentos irrepetibles; para que nos den las 7 de la mañana hablando y explicando, entre otras cosas, por qué Garrote no aprobó Latín en su día (claro y sencillo: porque su examen dio para un cuatro) y que las malas energías pueden traer sus consecuencias; para asombrarnos que nuestros seis años nada tuvieron que ver con los de Pol, que está “gelòs” porque Judith le dice guapo a su profesor siendo su novia y por lo bien que relaciona “el casar-se” con “el sexe” y “les posturetes” (a mis seis años, una de mis preocupaciones por estas fechas fue que no se borrase el carmín con el que pintaron mis labios en mis primeros pinitos teatrales antes de llegar de vuelta a casa de la guardería y que mi madre pudiese verlos); para sonreír ante el satisfecho cansancio del amigo que ha disfrutado con su casi moto…

Todo bien concentrado, desmenuzado y a fuego lento en un rato que son tres días, dicen. Bendito Puente de Santa Constitución y mil gracias a todos por todo el cúmulo de sensaciones.

(Infinitas gracias a ti por tu paciencia y por tu amor).