"- Podría preguntarte: ¿por qué me quieres tú, Pilar? ¿Por qué se quiere a la gente? Voy a decírtelo yo, que tengo unos años más que tú y que me siento todavía con ganas de querer: se quiere siempre porque sí. En cuanto al cariño se le pone una condición, deja de ser cariño para convertirse en interés, en comodidad u otras mol cosas que no son más que sucedáneos del cariño.

- Y ¿por qué me has escogido?

- Es como si encontrara otra vez mi juventud. Cuando te oigo hablar, es como si escuchara lo que he dicho hace muchos años. Revivo en ti. No puedes figurarte lo que eso representa. - Me gustaría ser como tú, si alguna vez llego a tener tus años. Dime, Gran, ¿por qué eres diferetnes de las otras viejas?

Gran tuvo un momento de ensoñación. Me pasó la mano sobre los cabellos, sobre los ojos, ... Me pareció que su mano temblaba y que su voz estaba algo velada.

- Ya lo sabrás. Aplícate a querer. Lo que envejece no son los años ni ls arrugas. Lo que envejece no son los años ni las arrugas. Lo que nos hace viejos es el corazón. Si logras sentir siempre un afecto, si algo en la vida merece tu amor, tu admiración o entusiasmo ..."

Carmen Kurtz, Duermen bajo las aguas. Barcelona, Círculo de Lectores, 1970, p. 242-243