Domingo salió, como cada día, en busca de prensa que aportase alguna noticia de los acontecimientos, el discurrir de la locura de aquel momento. Se dirigió a la plaza del mercado, llena esos días a rebosar. Incluso su mujer, sin él saberlo, rondaba las paradas y las colas de la plaza para conseguir algo de comida. Llevaban poco tiempo en Granollers y se habían tenido que acostumbrar a nuevas gentes, a una nueva lucha de cada día...

A las 9 y cinco, Granollers se hizo Guernika.

A Domingo se le paró el reloj a las 9 y 5 de la mañana y al mismo tiempo, se paró su vida y cambió la de su mujer y la de su hija y se hizo negra como el pan negro que comieron durante muchos días...