La intención era que el cuaderno fuese más cotidiano pero un gripazo (B, ¿quizá?) primero y una contractura lumbar, después me impidieron disfrutar de la red abierta de la biblioteca pública de Candás.

Porque en Candás es donde está Palmera, la misma playa que paseo todos los veranos. Realmente, una preciosidad. Al menos para mí. Y allí mismo se puede ver el altar del homenaje a los marinos que quedaron en el mar, donde se vierten las aguas de los sietes mares....

I això és per a tú, Jaka: un regalet en forma de passeig per una platja asturiana. Des del teu últim comentari i des d'un dels teus últims posts (Tanco el balcó), hi pensava... Això és el dia de Sant Magí, a primeríssima hora del matí...