Las horas (The Hours) es una película que trata sobre tres mujeres en diferentes tiempos y generaciones, cuyas vidas se conectan entre sí a través de la novela de Virginia Woolf Mrs. Dalloway. Aparecen una Virginia Woolf en 1923, una perturbada esposa en el año 1951, una editora homosexual en el año 2001 que cuida de su amigo escritor en etapas avanzadas del SIDA. Una curiosa mezcolanza entre el tiempo (gran escultor, decía la Yourcenar), las situaciones de la vida y los mundos femeninos que me encantó.

Las horas no son siempre lo mismo: faltan cuando estás a gusto y tienes que coger un tren que te lleve lejos, sobran cuando la noche entra por la puerta del hospital y son paladeadas con sumo gusto cuando transcurren en el muelle, refrescadas con unos culinos de sidra y el mar por compañia.

Para mi madre hubo muchos tipos de horas. Las que marcaban los turnos de mi padre o los horarios del colegio o la entrega de unos pantalones o el ir a ver a su madre al parque y las que pasa en casa haciendo alguna sopa de letras mientras ese televisor que compró "sólo transmite deporte". Todo es cuestión del tiempo que dispones, comprado, regalado o pasado. Y lo sabe bien. Hoy, en la consulta del neurólogo, lo ha demostrado....

 

"Neurólogo: - A ver pues, cuénteme qué le pasa.

Ella: - Pues, en realidad nada, no sé para qué he venido. Lo único es que, a veces, pero sólo a veces, me duele un poquico aquí en el lado derecho.

N: - Bueno, pero eso tiene que decírselo a su médico de cabecera. A ver, cuénteme. ¿Con quién vive?

E: Con mi marido, aunque he criado a 8 hijos y algún nieto.

N: Muy bien. Y en casa, ¿quién hace las cosas? ¿Le ayuda alguien?

E: Pues no, no. No necesitamos a nadie. Me encargo yo de todo: de comprar, de limpiar, de cuidar a mi marido, que está muy delicado.

N: ¿Todo?

E: Sí, sí, todo.

N: A ver, ¿en qué día estamos?

E: Pues, ahora mismo, no se lo sé decir, pero vamos...

N: Pero el día sí que lo sabe...

E: Sí, claro, hoy es viernes.

N : Muy bien. ¿Y en qué mes estamos?

E: Pues en noviembre, en noviembre.

N : ¿Está usted segura?

E: Mire si estoy segura y lo sé porque fue mi cumpleaños hace poco...

N : Pues es que … estamos en febrero...

E: Ah!! ¿en febrero? Ah... Es que mire, como mi marido ha estado muy malico, estoy un poco despistada, pero bueno, pero ya está bien, ya.

...

N: Bueno... ya está bien. Ahora vamos a dibujar un círculo como un reloj y va a escribir en él los números.

 

(Ella empieza marcando las 12 del ángelus o las 12 del mediodía que salen los críos del colegio o las 12 que ya han pasado en su reloj mientras esperaba en la entrada de la consulta y sigue con sus números. El 1, el 2, … parece que se lo piensa, pero no, sigue... el 3, el 4, el 5, el 6, el 7, el 8, el 9, el 10, el 11, el 12 , el 13, el 14, el 15, el 16 y hasta le ha cabido el 17.)

 

N: Bien. Y ¿cómo dibujaría que son las 11 y 10, por ejemplo?

 

Ahora sí, momento crítico. Se lo piensa. Presiente el médico. Reyes se apena.

Pasan unos segundos y ella sigue con el rotulador en la mano mirando el círculo y sus números con atención... Y se decide escribir.

 

E: -11.10. ¡Ahí lo tiene!¡Tres unos y un cero!

(¿Qué querías resultados? Pues ahí los tienes.)

 

Acabada la consulta, salen. No, no, ella no quiere que la visiten en el pueblo si no está él. Da lo mismo, ya la traerá su hija. Tiene que volver en tres meses con un tratamiento en marcha, una analítica determinada y un TAC hecho. Elstá contenta:

E: Me ha gustado este médico. Mu majo. Y encima, oye, ¡he sabido todas las preguntas!

 

A mí se me escapan las horas y los días... No me había enseñado, todavía, que es cuestión de escribirlas, no dibujar planes ni trazar horarios. Solo escribir las horas.