“La dramática imagen de Barcelona que Encarna y Araceli encontraron a su llegada aquel final de marzo de 1938 era mucho más desesperada de la que se habían formado a través de los muchos comentarios que se dieron en el latgo día de viaje que les costos llegar con el improvisado tren de Monzón.
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Las calles estaban abarrotadas de gente deambulando de una desconocida calle a otra donde refugiarse. Las familias más afortunadas se aferraban a un triste papel donde tenían garabateada la antigua dirección de algún pariente lejano y preguntaban a todo el mundo por la calle, agarrada toda la familia de la mano para no perderse ninguno.
Siguiendo las estrictas instrucciones de Antonio, Araceli arrastro a Encarna por toda la ciudad hasta encontrar el Centro Aragonés. Allí les facilitaron alimentos los primeros días.
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Como no tenían sitio donde dormir, acudieron al Socorro Rojo Internacional. Pero allí sólo pudieron ofrecerles unas mantas y un poco de leche en polvo. Durante unas incómodas noches, hasta que tuvieron que dejarles el sitio a nuevos refugiados, durmieron al raso en un patio frente a unos almacenes llamados Jorba.”
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Ante la amenaza de los bombardeos, Araceli y Encarna se refugiaron en el Metro de Barcelona. Junto a ellas, miles de personas llenaban los andenes."(1)
Angela, Pascuala y Visi, otras tres generaciones de Monzón, eran tres de aquellos miles de personas que llenaban los andenes. Mientras Domingo, intentaba localizar a su cuñado Carlos, telégrafo. Cuando logró dar con él, la esperanza llegó en forma de refugio en la estación de Granollers, donde recayeron durante unos días. Una vez instalados, la abuela Angela no cejó en su empeño de localizar al resto de sus hijos, y logró que su yerno Domingo insertase un pequeño anuncio entre cientos de anuncios igual de desesperados:


“ANGELA JIMENO ARTIGAS, procedente de Monzón, desea tener noticias de sus hijos Antonio Taira Jimeno y Antonio Gaso López. Dirigirse a Cortes, 615, pral.”
Era mi bisabuela y hoy hace 62 años que publicó el anuncio en La Vanguardia. Siempre pienso que un día encontraré su cara desesperada en una de esas tantas imágenes anónimas que poco a poco desempolvan los nietos de aquella generación perdida.
(1) Daniel Vilalta Castel: Llévame contigo. Madrid, La Tierra de Hoy, 2010



2 comentarios
Ala! que historia! y que cercana! Cómo has encontrado el anuncio?
Es una pena que esta historia no sea una historia diferente y especial y que sea una de tantas, porque significaría que la historia no sería como es...
Pues todo fue mucha casualidad... y lo cierto es que me emocionó de qué manera... Buscaba (y busco) referencias de Belchite, de donde era Angela)... En fin...
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